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Hallan una correlación entre la obesidad adolescente y el TDAH

La mitad de todos los jóvenes tratados por obesidad severa tienen problemas neuropsiquiátricos, según un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Lund y Gotemburgo (Suecia), entre otros. Dos tercios de los adolescentes sufrían algún tipo de problema de salud mental, según lo informado por ellos mismos o por sus padres.

Tanto la obesidad como las enfermedades mentales han aumentado entre los jóvenes durante la década de 2000. Los investigadores han observado durante mucho tiempo una conexión entre la obesidad y el TDAH, la depresión y los trastornos alimentarios, pero rara vez se ha estudiado.

En el presente estudio participaron 48 adolescentes (73 por ciento niñas), con una edad promedio de 15 años y un IMC promedio de 42, que es obesidad severa. La mitad de los participantes recibió tratamiento médico por obesidad, mientras que la otra mitad se sometió a cirugía.

Los padres de los adolescentes completaron cuestionarios para medir los síntomas de TDAH y autismo de sus hijos. Los propios adolescentes respondieron a preguntas sobre atracones y síntomas de depresión.

Los resultados muestran que más de la mitad de los padres estimaron que sus hijos adolescentes tenían dificultades que se parecían a las propias del TDAH y el autismo, a pesar de que solo algunos de ellos habían sido diagnosticados previamente con estas condiciones.

Dificultad para controlar los impulsos


“Los síntomas del TDAH significan que la persona tiene dificultad para controlar los impulsos. Esto aumenta el riesgo de comer sin tener hambre y la tendencia a optar por soluciones rápidas como la comida rápida “, señala Kajsa Järvholm, investigadora de Psicología de la Universidad de Lund y la Universidad de Gotemburgo.

“Las personas en el espectro autista a veces son más selectivas en su alimentación que otras. Solo aceptan ciertos platos, pero como resultado pueden comer más”, afirma.

Una quinta parte de los adolescentes refirió sufrir síntomas de depresión. Un tercio de ellos informaron de que padecían problemas con los atracones, una pérdida de control que provoca que la persona ingiera grandes cantidades de alimentos en poco tiempo.

“Contrariamente a nuestras expectativas, los adolescentes con dificultades neuropsiquiátricas no tenían más problemas con los atracones y la depresión que los otros adolescentes del grupo”, explica Järvholm.

En conjunto, la información proporcionada por los padres y adolescentes reveló que dos tercios de los pacientes del estudio tenían dificultades derivadas de problemas neuropsiquiátricos, atracones o depresión.

Los investigadores creen que los hallazgos revelan la necesidad de personalizar los tratamientos para los adolescentes con obesidad severa, ya que la mayoría también reportó una enfermedad mental .

FUENTE: https://www.redaccionmedica.com/secciones/psiquiatria/obesidad-adolescente-tdah-correlacion-4678
Kajsa Järvholm, investigadora de Psicología de la Universidad de Lund y la Universidad de Gotemburgo.

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Desarrollo en la adolescencia

Un periodo de transición de crucial importancia

La OMS define la adolescencia como el periodo de crecimiento y desarrollo humano que se produce después de la niñez y antes de la edad adulta, entre los 10 y los 19 años. Se trata de una de las etapas de transición más importantes en la vida del ser humano, que se caracteriza por un ritmo acelerado de crecimiento y de cambios, superado únicamente por el que experimentan los lactantes. Esta fase de crecimiento y desarrollo viene condicionada por diversos procesos biológicos. El comienzo de la pubertad marca el pasaje de la niñez a la adolescencia.

Los determinantes biológicos de la adolescencia son prácticamente universales; en cambio, la duración y las características propias de este periodo pueden variar a lo largo del tiempo, entre unas culturas y otras, y dependiendo de los contextos socioeconómicos. Así, se han registrado durante el pasado siglo muchos cambios en relación con esta etapa vital, en particular el inicio más temprano de la pubertad, la postergación de la edad del matrimonio, la urbanización , la mundialización de la comunicación y la evolución de las actitudes y prácticas sexuales.

El papel clave de las experiencias de desarrollo

La adolescencia es un periodo de preparación para la edad adulta durante el cual se producen varias experiencias de desarrollo de suma importancia. Más allá de la maduración física y sexual, esas experiencias incluyen la transición hacia la independencia social y económica, el desarrollo de la identidad, la adquisición de las aptitudes necesarias para establecer relaciones de adulto y asumir funciones adultas y la capacidad de razonamiento abstracto. Aunque la adolescencia es sinónimo de crecimiento excepcional y gran potencial, constituye también una etapa de riesgos considerables, durante la cual el contexto social puede tener una influencia determinante.

Presiones para asumir conductas de alto riesgo

Muchos adolescentes se ven sometidos a presiones para consumir alcohol, tabaco u otras drogas y para empezar a tener relaciones sexuales, y ello a edades cada vez más tempranas, lo que entraña para ellos un elevado riesgo de traumatismos, tanto intencionados como accidentales, embarazos no deseados e infecciones de transmisión sexual (ITS), entre ellas el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).

Muchos de ellos también experimentan diversos problemas de adaptación y de salud mental. Los patrones de conducta que se establecen durante este proceso, como el consumo o no consumo de drogas o la asunción de riesgos o de medidas de protección en relación con las prácticas sexuales, pueden tener efectos positivos o negativos duraderos en la salud y el bienestar futuros del individuo. De todo ello se deduce que este proceso representa para los adultos una oportunidad única para influir en los jóvenes.

Los adolescentes son diferentes de los niños pequeños y también de los adultos. Más en concreto, un adolescente no es plenamente capaz de comprender conceptos complejos, ni de entender la relación entre una conducta y sus consecuencias, ni tampoco de percibir el grado de control que tiene o puede tener respecto de la toma de decisiones relacionadas con la salud, por ejemplo decisiones referidas a su comportamiento sexual.

Esta incapacidad puede hacerlo particularmente vulnerable a la explotación sexual y a la asunción de conductas de alto riesgo. Las leyes, costumbres y usanzas también pueden afectar a los adolescentes de distinto modo que a los adultos. Así por ejemplo, las leyes y políticas a menudo restringen el acceso de los adolescentes a la información y los servicios de salud reproductiva, máxime si no están casados.

En los casos en que sí tienen acceso a servicios de esta índole, puede ocurrir que la actitud de las personas encargadas de dispensarlos muestran frente a los adolescentes sexualmente activos suponga en la práctica un obstáculo importante para la utilización de esos servicios.

La familia y la comunidad representan un apoyo fundamental

Los adolescentes dependen de su familia, su comunidad, su escuela, sus servicios de salud y su lugar de trabajo para adquirir toda una serie de competencias importantes que pueden ayudarles a hacer frente a las presiones que experimentan y hacer una transición satisfactoria de la infancia a la edad adulta. Los padres, los miembros de la comunidad, los proveedores de servicios y las instituciones sociales tienen la responsabilidad de promover el desarrollo y la adaptación de los adolescentes y de intervenir eficazmente cuando surjan problemas.

FUENTE: https://www.who.int/maternal_child_adolescent/topics/adolescence/dev/es/

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¿Qué soñamos durante la pandemia?

El equipo de investigadores examinó un total de 239 informes de sueños presentados por 67 personas diferentes en Brasil, tanto antes como después de que se impusieran las medidas de confinamiento y aislamiento en marzo y abril, cuando la pandemia comenzaba a afianzarse.

Luego del análisis de los informes, los autores lograron descubrir un aumento estadísticamente significativo en el número de palabras relacionadas con la ira y la tristeza en el relato de los sueños pandémicos, y un aumento en las palabras relacionadas con la contaminación y la limpieza (la palabra “baño” calificaría, por ejemplo).

Los sueños durante la pandemia también presentaron más palabras en general, aunque no hubo diferencia sustancial en el número de palabras relacionadas con enfermedad, salud, muerte o vida. El número de palabras relacionadas con las emociones positivas y negativas también se mantuvo prácticamente igual.

También hallaron que los sueños se enfocaban más en los cambios de hábitos diarios en torno al aislamiento, que en la enfermedad o la muerte. Explican los autores que esto puede deberse a que los informes de sueños se recopilaron al principio de la primera ola de la pandemia, y solo un participante en el estudio informó haber sido diagnosticado con COVID-19.

Llama la atención que durante la pandemia también aumentó la cantidad de personas que tienen sueños vívidos, algo que los expertos dicen que podría ser causado por horarios de sueño interrumpidos, o simplemente por tener mucho más que procesar y con que lidiar al final de cada día.

Tras la comparación de informes de sueños, se ve reflejada una “experiencia traumática colectiva, como suele ser el caso durante plagas, guerras y desastres naturales”, señalan los autores. Y agregan que estos resultados son consistentes con la hipótesis de que los sueños durante el período de confinamiento reflejan los desafíos de vigilia presentados por la pandemia de COVID-19.

Concluyen que los hallazgos del estudio corroboran la hipótesis de que los sueños durante la pandemia reflejan sufrimiento y mental, miedo al contagio y cambios importantes en los hábitos diarios, cuestiones que impactan directamente en la socialización.

Fuente: https://www.psyciencia.com/que-sonamos-durante-la-pandemia/

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La empatía desde dos miradas: la evolución y la educación

Autor: Mariana F. Fernández

Eje temático: Educación y regulaciones estatales.

Pertenencia: Universidad Nacional de Córdoba. Escuela de Filosofía y CIFFyH.

Cuando hablamos de empatía, ¿hablamos de un sentimiento más, o estamos hablando de una capacidad que tiene que ver más con la comprensión y/o conocimiento del otro?, lo cual implicaría ubicarla dentro de un plano más racional. La empatía implicaría no solamente “ponerse en el lugar del otro” a nivel sentimental, sino también comprenderlo, llegando en algunas ocasiones a saber lo que piensa y siente. Nos podemos preguntar entonces si todos los humanos, solo por el hecho de ser humanos, poseemos la capacidad de empatizar, o si bien la empatía es adquirida. Para saber hasta qué punto es enseñable y utilizable la empatía, es necesario un acercamiento entre saberes; un análisis interdisciplinario.

1. Componentes de la empatía
En el texto “The Functional Architecture of human empathy”, de Decety y Jackson (2004), nos hablan de tres componentes que interactúan de manera dinámica, produciendo la experiencia de empatía en humanos. Los componentes son: 1) el hecho de compartir un afecto/sentimiento entre el yo y el otro, basado en las percepciones y acciones que nos llevan a compartir representaciones; 2) conciencia del yo y del otro, es decir, saber que los sentimientos y/o pensamientos son del otro, y no son míos; sin confusión entre el yo y el otro, aunque pueda haber identificación; 3) flexibilidad mental  para adoptar la perspectiva subjetiva del otro y tener un buen sistema auto-regulatorio. Si solo uno de estos componentes se diera, no habría empatía.

2. Empatía enseñable
No sólo hablamos de la empatía como una capacidad con la que todos los humanos nacemos, sino que también podemos mejorarla, llegando a una mayor exactitud empática. Los autores, nos hablan de empatía y sus efectos en las conductas humanas, especialmente en el ámbito educativo. “La empatía es un atributo de los chicos que ha sido probado ser altamente relevante para el proceso educacional…” (N. Feshbach y S. Feshbach, 2009: 85). Teniendo en cuenta ciertos enfoques contemporáneos, definen a la empatía como una interacción entre dos individuos, que se da cuando uno de ellos experimenta los sentimientos del segundo individuo.

Empatizar tiene que ver con la habilidad cognitiva de discriminar los estados afectivos en los otros, y que hay otro nivel más maduro que requiere asumir la perspectiva y el rol de otra persona, y la habilidad afectiva de experimentar las emociones del otro, de la manera apropiada (N. Feshbach y S. Feshbach, 2007).
En cuanto a sus funciones, juega un rol para la conducta prosocial y tiene una función en los niños que les permiten mayor entendimiento, compasión y regulación de la agresión. El componente afectivo del cual hablan los autores, seria beneficiario para reducir la agresión entre compañeros ya que, el dolor del otro despertaría un dolor en uno mismo que regularía la conducta agresiva.

La empatía se manifiesta entonces por inhibición, pero nos aclaran que ésta actitud empática debe estar en el repertorio del niño para que actúe de manera pro-social, lo cual se logra con un entrenamiento empático y específicamente con un entrenamiento de conducta pro-social. Otro beneficio es la reducción del prejuicio social, al entender y apreciar los sentimientos y formas de ver el mundo de los otros, que pueden ser de un grupo étnico distinto, el prejuicio debería ser menor. La empatía de la que hemos estado hablando, puede enseñarse y es perfectible; permite una mejor convivencia, menos violencia y prejuicio, por lo tanto, resulta importante como técnica a ser implementada en el ámbito educativo donde estas funciones deben ser cumplidas.

3. Empatía como producto de la evolución
La empatía es una conducta adaptativa importante compartida entre humanos y mamíferos que depende de circuitos neuronales que emergieron durante la transición evolutiva de reptiles a mamíferos. En suma, afirman que las conductas sociales son mejores entendidas en el contexto de la evolución, ya que tanto el hecho de ayudar a los miembros de la misma especie y la supervivencia del más fuerte, son interpretados como productos de la evolución. La idea principal es que el proceso neuroendocrino actúa en varios sitios en el sistema nervioso implicado generalmente en la sociabilidad y la comunicación social, también en la base de los estados conductuales y respuestas necesariamente
para la empatía.
Estos autores definen empatía atribuyéndola como parte de sus componentes a la conducta de ayuda frente al dolor del otro. Pueden decir que la empatía como toda conducta social, es parte de la adaptación del hombre en el medio, de su supervivencia y es producida durante el camino la evolución.
El acento está en el percibir lo que el otro siente y hacer algo al respecto.

4. Diálogo posible
Los fundamentos son muy distintos: por un lado se interpreta a la empatía desde la educación y la psicología, considerándola un atributo que se puede desarrollar, mejorar y además puede servir para la promoción de conductas pro-sociales que permitan un ámbito educativo donde todas sus funciones estén satisfechas. En cambio, desde la biología se fundamenta a la empatía neuronalmente, biológicamente, evolutivamente, haciendo hincapié en su origen más que en su desarrollo. En ningún momento nos hablan de que la capacidad de empatizar sea perfectible, sino que nos proponen qué tipo de hormonas estarían vinculadas con la manifestación de la empatía.

La ventaja del punto de vista evolutivo lo podemos ver en que, si somos humanos por lo tanto somos empáticos, tenemos constitutivamente todo lo necesario para desarrollar la empatía que tantos beneficios trae a la educación y la sociabilidad. La ventaja del punto de vista de Feshbach es que, debemos entrenarnos y aprender a mejorar esta capacidad innata orientándonos hacia las conductas pro-sociales. Está en nuestras manos la responsabilidad de ser humanos y entrenarnos en ello.

*Resumen del texto original https://ffyh.unc.edu.ar/vii-encuentro-interdisciplinario-de-ciencias-sociales-y-humanas/wp-
content/uploads/sites/24/2011/08/ponencia-fernandez-eje-6.pdf

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Psicología de la emoción: el proceso emocional

Mariano Chóliz Montañés
Dpto de Psicología Básica
Universidad de Valencia

1. Introducción
La psicología de la emoción es una de las áreas de la psicología en la que existe un mayor número de modelos teóricos, pero quizás también un conocimiento menos preciso. Posiblemente sea debido a que se trata, por las propias características del objeto de estudio, de un campo difícil de investigar.

Habitualmente se entiende por emoción una experiencia multidimensional con al menos tres sistemas de respuesta: cognitivo/subjetivo; conductual/expresivo y fisiológico/adaptativo. Cada una de estas dimensiones puede adquirir especial relevancia en una emoción en concreto, en una persona en particular, o ante una situación determinada. Cualquier proceso psicológico conlleva una experiencia emocional de mayor o menor intensidad y de diferente cualidad.

Desde el advenimiento de la psicología científica ha habido sucesivos intentos por analizar la emoción en sus componentes principales que permitieran tanto su clasificación, como la distinción entre las mismas. Quizá la más conocida sea la de teoría tridimensional del sentimiento de Wundt (1896) que propone tres dimensiones: agrado-desagrado; tensión-relajación y excitación-calma. Cada una de las emociones puede entenderse como una combinación específica de las dimensiones que hemos mencionado. A partir del planteamiento de Wundt se han propuesto diferentes dimensiones que caracterizarían las emociones (Schlosberg, 1954; Engen, Levy y Schlosberg, 1958). No obstante, las
únicas que son aceptadas por prácticamente todos los autores y que además son ortogonales son la dimensión agrado-desagrado y la intensidad de la reacción emocional (Zajonc, 1980).

Una emoción podría definirse como una experiencia afectiva en cierta medida agradable o desagradable, que supone una cualidad fenomenológica característica y que compromete tres sistemas de respuesta: cognitivo-subjetivo, conductual-expresivo y fisiológico-adaptativo.

2. Funciones de las emociones

Todas las emociones tienen alguna función que les confiere utilidad y permite que el sujeto ejecute con eficacia las reacciones conductuales apropiadas y ello con independencia de la cualidad hedónica que generen. Incluso las emociones más desagradables tienen funciones importantes en la adaptación social y el ajuste personal. Según Reeve (1994), la emoción tiene tres funciones principales:

2.1. Funciones adaptativas
Se encargan de preparar al organismo para que ejecute eficazmente la conducta exigida por las condiciones ambientales, movilizando la energía necesaria para ello, así como dirigiendo la conducta (acercando o alejando) hacia un objetivo determinado. Plutchik (1980) destaca ocho funciones principales de las emociones:

Miedo → Protección
Ira→ Destrucción
Alegría →Reproducción
Tristeza →Reintegración
Confianza→ Afiliación
Asco→ Rechazo
Anticipación →Exploración
Sorpresa → Exploración

2.2. Funciones sociales.
Izard (1989) destaca varias funciones sociales de las emociones, como son las de facilitar la interacción social, controlar la conducta de los demás, permitir la comunicación de los estados afectivos, o promover la conducta prosocial. Emociones como la felicidad favorecen los vínculos sociales y relaciones interpersonales, mientras que la ira pueden generar repuestas de evitación o de confrontación.

La propia represión de las emociones también tiene una evidente función social. En un principio se trata de un proceso claramente adaptativo, por cuanto que es socialmente necesaria la inhibición de ciertas reacciones emocionales que podrían alterar las relaciones sociales y afectar incluso a la propia estructura y funcionamiento de grupos y cualquier otro sistema de organización social. No obstante, en algunos casos, la expresión de las emociones puede inducir el los demás altruismo y conducta prosocial, mientras
que la inhibición de otras puede producir malos entendidos y reacciones indeseables que no se hubieran producido en el caso de que los demás hubieran conocido el estado emocional en el que se encontraba (Pennebaker, 1993).

2.3. Funciones motivacionales
La relación entre emoción y motivación es íntima, ya que se trata de una experiencia presente en cualquier tipo de actividad que posee las dos principales características de la conducta motivada, dirección e intensidad. La emoción energiza la conducta motivada. Una conducta “cargada” emocionalmente se realiza de forma más vigorosa. Como hemos comentado, la emoción tiene la función adaptativa de facilitar la ejecución eficaz de la conducta necesaria en cada exigencia. Así, la cólera facilita las reacciones defensivas, la alegría la atracción interpersonal, la sorpresa la atención ante estímulos novedosos, etc. Por otro, dirige la conducta, en el sentido que facilita el acercamiento o la evitación del objetivo de la conducta motivada en función de las características alguedónicas de la emoción.

Una emoción puede determinar la aparición de la propia conducta motivada, dirigirla hacia determinado objetivo y hacer que se ejecute con intensidad. Podemos decir que toda conducta motivada produce una reacción emocional y a su vez la emoción facilita la aparición de unas conductas motivadas y no otras.

3. Emociones básicas
Una de las cuestiones teóricas actuales más relevantes, al mismo tiempo que más controvertidas, en el estudio de la emoción es la existencia, o no, de emociones básicas, universales, de las que se derivarían el resto de reacciones afectivas. La asunción de la existencia de tales emociones básicas deriva de los planteamientos de Darwin y significaría que se trata de reacciones afectivas innatas, distintas entre ellas, presentes en todos los seres humanos y que se expresan de forma característica (Tomkins, 1962,
1963; Ekman, 1984; Izard, 1977). Según Izard (1991), los requisitos que debe cumplir cualquier emoción para ser considerada como básica son los siguientes:
-Tener un sustrato neural específico y distintivo.
-Tener una expresión o configuración facial específica y distintiva.
-Poseer sentimientos específicos y distintivos.
-Derivar de procesos biológicos evolutivos.
-Manifestar propiedades motivacionales y organizativas de funciones adaptativas.

Según este mismo autor, las emociones que cumplirían estos requisitos son: placer, interés, sorpresa, tristeza, ira, asco, miedo y desprecio. Considera como una misma emoción culpa y vergüenza, dado que no pueden distinguirse entre sí por su expresión facial. Por su parte, Ekman, otro de los autores relevantes en el estudio de la emoción, considera que son seis las emociones básicas (ira, alegría, asco, tristeza, sorpresa y miedo), a las que añadiría posteriormente el desprecio (Ekman, 1973; 1989, 1993; Ekman, O’Sullivan y Matsumoto, 1991a y b). En general, quienes defienden la existencia de emociones básicas asumen que se trata de procesos directamente relacionados con la adaptación y la evolución, que tienen un sustrato neural innato, universal y un estado afectivo asociado único. Para Izard (1977), así como para Plutchik (1980), las emociones son fenómenos neuropsicológicos específicos fruto de la selección natural, que organizan y motivan comportamientos fisiológicos y cognitivos que facilitan la adaptación.

Por otro lado Ortony y Turner (1990) señalan que no existen tales emociones básicas a partir de las cuales puedan construirse todas las demás, ya que cada autor propone un número y unas emociones determinadas que no suelen coincidir con las que proponen otros investigadores. Si realmente existieran emociones básicas claramente distintivas no debería existir tal desconcierto. Para Ortony y Turner (1990) existen dos corrientes principales que abordan las emociones básicas. Una biológica, que defiende que las
emociones básicas han permitido la adaptación al medio, se encuentran en diferentes culturas y debe haber un sustrato neurofisiológico común entre las emociones básicas de los mamíferos, e incluso de los vertebrados. La otra corriente, psicológica, defiende que todas las emociones se pueden explicar en función de emociones irreducibles. Ambas concepciones están muy relacionadas y su distinción es fundamentalmente didáctica.

*Resumido y extraído de: https://www.uv.es/choliz/Proceso%20emocional.pdf

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Conversatorios: Pandemia y Salud Mental en Latinoamérica


4TO CONVERSATORIO LATINOAMERICANO: REFLEXIONES INTEGRALES SOBRE LA INFANCIA Y EL COVID

Fecha: MIÉRCOLES 16/12/2020 A LAS 19.30HS (HORARIO ARGENTINA) VÍA ZOOM

Estamos finalizando el 2020 año que quedara en la historia de la humanidad por haber sido azotado por la Pandemia Covid-19. Drama que afecto a todos los colectivos humanos a lo largo del planeta. Sin embargo, uno de ellos ha sido particularmente afectado porque tiene que ver con su futuro y el de toda la humanidad: LOS NIÑOS.

La escolaridad, la presencia arrolladora de la virtualidad en sus vidas, la afectación de los padres en el proceso de su crianza, las consecuencias emocionales sobre estos pequeños. En fin, una cantidad enorme de temas vinculados a la infancia y el Covid.

Por ello nos ha parecido apropiado cerrar este Ciclo de Conversatorios Latinoamericano dedicándole al tema de la infancia. Los invitamos a participar de esta reunión completando el formulario de abajo.

Participaran del mismo profesionales de Chile, Argentina, México, Bolivia, Venezuela y Uruguay.

MSc. Marinés Guzmán (Venezuela)

 

Orientadora de Conducta, egresada del Centro de Investigaciones Psiquiátricas, Psicológicas y Sexológicas de Venezuela. (CIPPSV)

Certificada en: Logoterapia, Análisis Existencial y Sentido de Vida por el Instituto Venezolano de Logoterapia y Análisis Existencial Viktor Frankl. Orientación, Terapia y Couseling por la Asociación Venezolana de Investigación en Orientación, Terapia y Couseling (AVIOTC)

 

Lic. Joselyn Lugo (México)

Maestra en Salud Pública. Coordinadora General en CISAPSI AC: coordinación de proyectos y capacitación de cursos en prevencion del suicidio y abuso sexual infantil. Evaluación psicopedagógica de niños y adolescentes. Miembro asociado de INHISAC Instituto Hispanoamericano de suicidologia AC: coordinadora del diplomado Introducción a la suicidología presencial y en línea. Proyectos y campañas de prevención del suicidio. 

 

Lic. Ethelyn Pinto (Chile)

Psicóloga clínica formada en TCC y abocada al recontructivismo cognitivo TREC con jóvenes y adultos. Psicóloga educacional con formación integral pedagógica, con licenciatura en educación, maestría en evaluación y currículo; y neurociencias. Abocada siempre al trabajo de organizaciones  gubernamentales con niños de alta vulnerabilidad social y con problemas de aprendizaje. Estudios realizados en la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad de las artes ciencias y comunicación.

 

Lic. Mitzzy Rivero (Bolivia)

Psicóloga del Departamento de Psicología en SEDEGES. Psicóloga del Proyecto de Asistencia Legal del Área de Promoción de la Mujer a Víctimas de Violencia Intrafamiliar en Fundación La Paz.. Miembro del Gabinete de Evaluación a los Servicios Legales Integrales Municipales. Oficialía Mayor de Desarrollo Humano. GAMLP. Autora del Proyecto de Asesoría contra la violencia en los Macro distritos IV y V. Coordinadora General del Proyecto “Implementación de Gabinetes Psicológicos en Unidades Educativas” en Unidades Educativas: Naciones Unidas, San Judas Tadeo y Panamá, a cargo de la Fundación Inti Jalsu Yvymarai. Distrito 2. Docente de la Universidad Doxa Bolivia en la materia: “Políticas y Legislación Educativa”. Peritajes en Violencia Intrafamiliar – Asesoramiento Subalcaldía 7.

Lic. Alberto Zibil (Uruguay) 

Licenciado en Psicología egresado de la Universidad de la República (Uruguay) en 2003. Posgrado en Psicoterapia Cognitivo Conductual, Terapia Conductual Dialéctica y Ciberpsicología. Se desempeñó durante 11 años en el Servicio de Atención Psicológica del Centro Médico del Municipio de Florida integrando asimismo distintas comisiones. Integra el Staff de la web www.psicologosonline.uy destinada a uruguayos en el extranjero. Actualmente desempeña su labor en consulta privada.

Lic. Hugo Amengual (Argentina)

Especialista en Psicología Clínica de Adultos. Psicoterapeuta. Docente Universitario.  Director de Psicomedios organización que reúne a los emprendimientos de cambiodehabitos, telepsicologia, teacompañamos, psicomedios magazine digital y radio online  Rohsam.

ESPERAMOS QUE NOS SIGAN ACOMPAÑANDO EN ESTOS ENCUENTROS DE DIALOGOS LATINOAMERICANOS EN TIEMPOS DE PANDEMIA.  POR FAVOR COMPLETE EL FORMULARIO PARA SU INSCRIPCION AL EVENTO. CUPO LIMITADO HASTA 100 PARTICIPANTES.



 Se invita a los interesados a completar el formulario para concretar la inscripción al mismo dado que existen un número limitado de 100 vacantes para participar en la emisión en directo vía zoom.

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Efecto de los fármacos anticolinérgicos en el rendimiento cognitivo de las personas mayores

El empleo de fármacos anticolinérgicos es frecuente en personas mayores, incluso con deterioro cognitivo. Se ha realizado una revisión bibliográfica en PubMed (anticholinergic effects y anticholinergic and dementia) acerca de los efectos de los fármacos anticolinérgicos en población anciana. Se ha enfatizado en determinar patrones de consumo, uso combinado con fármacos inhibidores de la acetilcolinesterasa (IACE), medida de la carga anticolinérgica y efectos cognitivos a corto y a largo plazo. Las conclusiones son que estos fármacos se emplean de forma habitual en población anciana, incluso tras la prescripción de IACE en la enfermedad de Alzheimer. Su empleo puede producir alteraciones cognitivas. Si el consumo es prolongado puede provocar un empeoramiento de la cognición a largo plazo originando falsos diagnósticos de deterioro, o incluso precipitando cuadros de demencia. Los efectos cognitivos son mayores ante un déficit preexistente, pero desaparecen en la demencia avanzada. La presencia de ApoE4 marca una vulnerabilidad a la afectación cognitiva por estos fármacos.

Artículo completo: https://www.elsevier.es/es-revista-revista-psiquiatria-salud-mental-286-articulo-efecto-farmacos-anticolinergicos-el-rendimiento-S1888989113001262

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Depresión y Neuroinmunomodulación

Hoy existe probada evidencia de la interacción entre los sistemas psicológico, neurológico e inmunológico. Dichas interacciones parecerían estar mediadas por el sistema inmune como vía de comunicación entre el cerebro, el eje hipotálamo hipófisis-suprarrenal (HPA) y el  sistema nervioso autónomo. De esta manera, se integra en la dimensión psicológica, la regulación de la activación de estrés, las emociones, la inmunidad, las somatizaciones y la aparición o resistencia a las enfermedades.

El sistema inmune es un intermediario con el exterior que  posee comunicación con el cerebro a través de las citoquinas que organizan la respuesta inmune en una amplia gama de diversas actividades biológicas. Durante los procesos de enfermedad, la reactividad inmunológica, las citocinas, las interleucinas y los interferones, se producen tanto en la periferia como en el cerebro, modificando las funciones neurales, neuroendocrinas y conductuales a través de receptores específicos .

Las citoquinas cerebrales producen cambios conductuales en el transcurso de unaenfermedad física, manifestándose síntomas como hiperreactividad emocional, síndrome apático, anhedonia, hiporexia, pérdida de peso, hipersomnia, alteración del ritmo  circadiano,  fatiga crónica, inhibición psicomotriz, desmotivación, desinterés y
alteración de las funciones psíquicas superiores, etc. Durante una enfermedad aguda, este síndrome somático-conductual se denomina “conducta de enfermedad” y es una respuesta sistémica adaptativa al proceso mórbido. Sin embargo, durante ciertas infecciones u otras afecciones médicas crónicas que cursan con hiperreactividad inmunológica, este síndrome de conducta de enfermedad puede transformarse en una depresión clínica. Esto es importante ya que la depresión asociada a enfermedad médica incrementa los niveles de angustia, acentúa la sintomatología, aumenta las intercurrencias, generar mayores complicaciones y repercute negativamente en la adherencia al tratamiento.

En este trabajo, plantearemos la evidencia que al día de hoy existe sobre el rol del sistema inmunológico y las citoquinas, en el origen de los síntomas depresivos asociados a enfermedad médica, la acción de los antidepresivos sobre el sistema nervioso central y el sistema inmunológico y, como a través de su acción neuro  e inmunomoduladora existe correspondencia con la mejoría clínica y la sintomatología sistémica asociada.

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